Para una siembra nueva se cuentan unos treinta gramos de semilla por metro cuadrado, y para resembrar sobre césped existente, dieciocho. Más no es mejor: sembrado muy denso, el césped compite por la luz y sale débil.
En el abono lo que importa no es la cantidad de producto sino el nitrógeno que lleva. Cinco gramos de nitrógeno por metro cuadrado con un abono al veinte por ciento son veinticinco gramos de producto.
Cuándo se siembra
La semilla germina con seguridad a partir de doce grados de temperatura del suelo. En España eso deja dos ventanas: de marzo a mayo y de septiembre a octubre; el otoño suele salir mejor, porque el suelo aún está templado y las malas hierbas aprietan menos.
Después de sembrar, la superficie tiene que mantenerse húmeda dos o tres semanas, lo que en primavera avanzada significa regar a diario. Un solo día de sequía después de que la semilla se ha hinchado mata las plántulas.
El encalado solo sirve si el suelo es ácido
El césped va mejor con un pH entre 5,5 y 6,5 en suelo arenoso y hasta 7,0 en arcilloso. Buena parte del suelo español es más bien básico, así que antes de echar cal conviene un análisis: encalar por costumbre hace más daño que bien.
Si el análisis lo pide, se cuentan de 150 a 200 gramos de caliza por metro cuadrado repartidos en dos aplicaciones separadas un año. El musgo, por cierto, suele indicar compactación y sombra más que acidez.