El volumen que aparece en la etiqueta de un acuario es el bruto hasta el borde superior. Dentro hay bastante menos agua: la grava, la decoración y el espacio libre del borde se llevan juntos casi una quinta parte.
Un acuario de 100 por 40 por 50 centímetros da 200 litros brutos. Con tres centímetros de borde libre, seis de grava y algo de decoración quedan unos 155 litros, y es con esa cifra con la que se dosifica, se filtra y se cambia el agua.
El peso decide dónde se pone
El agua pesa un kilo por litro, la grava alrededor de 1,6 kilos por litro, y a eso hay que sumarle el cristal. Un acuario de 200 litros ronda los 225 kilos apoyados en 0,4 metros cuadrados.
Son más de 550 kilos por metro cuadrado. Los forjados de vivienda se calculan para 200 kilos por metro cuadrado de sobrecarga de uso, así que en acuarios grandes el reparto de la carga no es un detalle, y a partir de unos 500 litros conviene preguntar a un técnico.
La vieja regla de población no se sostiene
«Un centímetro de pez por litro» aparece en muchos libros antiguos y llena los acuarios más de la cuenta. Ignora que un pez de diez centímetros no tiene diez veces el volumen ni el metabolismo de uno de un centímetro, sino bastante más.
Es mejor guiarse por cada especie: los peces de banco necesitan grupo y espacio para nadar, y los territoriales, superficie de fondo. El largo del acuario importa más que el volumen: un acuario alto y estrecho ofrece menos espacio vital que uno bajo y largo del mismo contenido.