El número de paños sale de la longitud de la valla menos las puertas, dividido entre el ancho de paño. Los postes son uno más que los paños, salvo en un recinto cerrado, donde el principio y el final comparten poste.
Cada esquina necesita su propio poste y cada puerta, dos. Esos postes de más son la razón de que la cuenta simple de longitud entre ancho de paño se quede corta en casi cualquier parcela.
Por qué el último paño casi nunca cuadra
La longitud de una valla rara vez es un múltiplo exacto del ancho de paño. Queda un trozo, y hay dos caminos: un paño de ajuste recortado en un extremo, o repartir la diferencia estrechando todos los paños por igual.
El reparto uniforme queda mejor y con madera no da problemas, porque los listones se cortan. Con paneles de malla ya fabricados no se puede: allí no hay más remedio que el paño de ajuste, y conviene ponerlo en el sitio menos visible.
Cimentación y profundidad
Como regla, un tercio de la longitud del poste queda enterrado, con un mínimo razonable de 60 a 80 centímetros según la zona y el viento. Una cimentación demasiado somera se mueve con las heladas y con el terreno, y la valla queda torcida en un par de temporadas.
El diámetro de la cimentación ronda el triple del grosor del poste, lo habitual entre 25 y 30 centímetros. En los postes de puerta y de esquina conviene bastante más: ahí es donde actúan los esfuerzos mayores.