El punto de rocío es la temperatura a la que el aire ya no puede retener su humedad. Si una superficie baja de ahí, el agua se deposita: en un cristal se ve enseguida, en la esquina de una habitación muchas veces solo cuando ya hay moho.
Con 21 grados y un sesenta por ciento de humedad el punto de rocío está en unos 12,9 grados. Una esquina a catorce grados se queda seca; una a doce, no.
Por qué ventilar en verano humedece el sótano
Lo que decide no es la humedad relativa sino la absoluta, en gramos por metro cúbico. El aire caliente de verano al setenta por ciento lleva mucha más agua que el aire fresco del sótano al noventa: al entrar se enfría y la suelta en las paredes.
De ahí la regla para sótanos: ventilar solo cuando la humedad absoluta de fuera sea menor que la de dentro. En verano eso significa de noche o a primera hora; en invierno, casi siempre.
El moho empieza antes de que haya condensación
Los hongos no necesitan agua líquida: a partir de un ochenta por ciento de humedad relativa justo en la superficie ya crecen las primeras especies. Ese ochenta por ciento se alcanza antes de llegar al punto de rocío.
Por eso en física de la edificación se maneja un valor de temperatura superficial mínima bastante por encima del punto de rocío. El margen es intencionado: cuando se ve la condensación, el moho lleva tiempo trabajando.