La nieve pesa muy distinto según su estado: un metro cúbico de nieve recién caída ronda los cien kilos, la vieja y húmeda los cuatrocientos y la helada los seiscientos. Veinte centímetros de nieve húmeda pesan lo mismo que ochenta de nieve polvo.
En cubiertas inclinadas parte de la nieve resbala y la componente perpendicular disminuye. Por encima de unos sesenta grados prácticamente no se acumula, y por eso los tejados de montaña son tan empinados.
Para qué está calculada una cubierta
El Código Técnico fija la sobrecarga de nieve por zona climática de invierno y altitud. En buena parte del interior peninsular a media altura ronda los 0,6 kilonewton por metro cuadrado, unos sesenta kilos.
Esa es la cifra con la que trabajó el proyectista, y ya lleva coeficientes de seguridad. El problema aparece cuando un invierno se sale de lo previsto o cuando la nieve se acumula en limahoyas y detrás de petos.
Cuándo hay que quitarla
Como regla, retirar la nieve cuando la carga calculada alcance la sobrecarga de proyecto de la zona. Con nieve húmeda eso ocurre ya a partir de unos quince centímetros; con nieve polvo, no antes de sesenta.
Más peligrosas que la superficie plana son las acumulaciones junto a paramentos altos y en las limahoyas, donde puede haber el doble. Las cubiertas planas y los invernaderos son los casos más delicados, porque nada resbala.