El laminado se vende en cajas de dos a dos metros y medio cuadrados. A la superficie del suelo hay que sumarle la merma, porque en cada pared se corta la última lama y el recorte casi nunca sirve en otro sitio.
Cuánta merma sale depende de cómo se coloque: un cinco por ciento en recto, un diez atravesado y un quince en diagonal. En habitaciones de menos de diez metros cuadrados conviene subir un poco, porque los restos se aprovechan peor.
La junta de dilatación no es opcional
El laminado se mueve con la humedad y necesita alrededor de todo el perímetro una junta de al menos diez o quince milímetros contra la pared. Sin ella el suelo se abomba en verano, y eso solo se arregla levantándolo entero.
En habitaciones de más de ocho metros de largo o de ancho hace falta además una junta intermedia, tapada con un perfil. Lo mismo en cada paso de puerta, aunque al otro lado siga el mismo suelo.
Lo que se compra además
Debajo del laminado va una lámina aislante de la misma superficie y, sobre solera de cemento, una barrera de vapor de polietileno. Ambas se compran por metros cuadrados y sin recargo por merma.
El rodapié sale del perímetro menos el ancho de las puertas, unos 90 centímetros por hueco. Se vende en piezas de 2,40 o 2,50 metros.